Profesiones de riesgo....

Francmi08
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El 27 de diciembre de 2001 el Consejo de Ministros tomó la decisión de enviar los primeros 350 efectivos al país asiático en enero de 2002. Dos años después el número de militares aumentó hasta los 540. Actualmente, tras varios acuerdos políticos, más de 1.500 españoles han aterrizado en Afganistán. Destaca la presencia en Qala-i-Naw con 1.000 efectivos, donde participan principalmente en la instrucción de militares afganos. Además, la presencia del Ejército en Herat (al oeste del país) es relevante por su labor humanitaria, donde han desplegado cinco helicópteros para transporte y funciones sanitarias, intentan reconstruir la zona y formar a las fuerzas armadas locales. España también está presente en la capital, Kabul.
Por mucho que en círculos políticos se empeñen en convencernos de que los militares españoles se dedican a repartir tiritas y sonrisas en misiones de paz en el extranjero, la verdad es que nuestros soldados en Afganistán están en guerra y se juegan la vida, ya que un total de 94 militares y un intérprete han fallecido cumpliendo esta misión de la OTAN.
Lo que creemos que sólo pasa en las películas de guerra que podemos ver en el cine o en televisión, sucede también en la vida real, una vida que no todos podrían soportar, y de hecho está sucediendo ahora mismo en terrenos de Afganistán.
El pasado 7 de marzo, seis legionarios de la Brigada de Infantería Ligera Rey Alfonso XIII destinados en Qala-i-Naw, entraron en combate frente a los talibanes en Ludina.
El Caballero Legionario Iván Castro Canovaca, de 23 años, resultó herido por un disparo a la altura de la clavícula, ante lo que su jefe de pelotón, el Sargento José Moreno Ramos, no lo dudó y después de arrastrarse cuarenta metros bajo fuego enemigo, llegó hasta él y cortó la hemorragia. Mientras tanto, el Cabo Primero José Manuel Gómez Santana intentaba anular los orígenes de los disparos talibanes y el Cabo Primero José Miguel Gómez Ortega neutralizaba los focos hostiles con fuego de mortero, exponiéndose a las balas enemigas tras saltar de su posición y avanzar al descubierto para poder obtener una mejor posición de tiro.
El Cabo Fernando Carrasco proporcionaba fuego de supresión con su ametralladora MG-42, cubriendo así a sus compañeros y dosificando los últimos 250 cartuchos. Actuaron bajo las órdenes del Teniente Ramón Prieto Gordillo que mantuvo la calma entre sus hombres, dirigió el fuego de sus pelotones y, en plena refriega, le dijo al herido Iván Castro que estuviera tranquilo, que pronto iría a España a ver nacer a su hija, a lo que el legionario jienense insistió en permanecer en su puesto diciendo: “Justo ahora no es momento de ver nacer a nadie, sino de ver morir al enemigo”.
Esta acción ha supuesto para los legionarios la felicitación de su Coronel, Demetrio Muñoz, pero sobre todo, debería suponer el reconocimiento y admiración de una gran mayoría de los españoles, que tenemos en nuestros soldados a hombres y mujeres dispuestos a derramar su sangre. 

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