Mi visita al Regimiento...

Francmi08
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Al comenzar con este espacio en la red, sólo tenía una idea en mi cabeza: recuperar contacto con los compañeros del servicio militar. No se muy bien el por qué de esta casi obsesión, supongo que algo tendrá que ver la edad de uno, pero lo que si que se es que en todo este tiempo ha merecido la pena el trabajo y esfuerzo realizado porque se han cumplido algunos de mis objetivos al mismo tiempo que han aparecido nuevos contactos, nuevas amistades relacionadas con el Regimiento y mi estancia en él durante un año y pocos días de mi vida, allá por el 83/84. 
El machaca y el furri
Esos objetivos cumplidos han sido entre otros temas personales, el haber recuperado a varios de los Compañeros Veteranos de mi reemplazo, de los cuales hacía ya mucho tiempo que no sabía nada, unos han llegado a través de este blog y otros por medio de la página de Facebook, incluso ha habido algún encuentro personal en este año, como en la foto de la izquierda. También he visto cumplido el mayor de mis sueños, que era el volver a visitar el Regimiento y lo hice a los 27 años y 2 meses de haber salido de allí.
Fue en el mes de Noviembre del 2011, cuando estuve en Las Palmas por cuestiones de trabajo, de las cuales por cierto no salí muy bien parado, y antes de volverme a casa con el "rabo entre las piernas" aproveché las nuevas amistades a las que me refería anteriormente que son dos personas  muy vinculadas con el Regimiento, uno de ellos a día de hoy es miembro de las Fuerzas Armadas y componente del mismo. A esas personas les quiero dedicar en cierta manera esta entrada y enviarles desde aquí mi más sincero agradecimiento por todo lo que hicieron por mi, pero a uno y muy en especial, agradecimiento por partida doble ya que sin él este blog posiblemente no estuviera en marcha, pues fue quién me apoyó y animó a empezar con la búsqueda. Si algún día me autorizan daré sus nombres en el blog.
El tema es que gracias a ellos, pude ver cumplido el sueño de la visita al Regimiento de Infantería Canarias 50. Y lo hice acompañado de los mejores anfitriones que uno pueda esperar.
Mi estancia fue breve pero muy intensa, reviviendo tiempos quizás mejores que los de ahora, y disfrutando a tope de cada momento del día. Cuando iba en el avión pensaba en todo lo que quería hacer mientras estuviese allí, pero la verdad es que no hay nada como la improvisación, todo sale mejor que si lo planeas. En cuanto pisé tierra canaria, mi mente volvió de repente muchos años atrás, me venían a la cabeza imágenes de las que ni remotamente me acordaba en mi vida diaria en la península, hasta el respirar me resultaba diferente y no fue hasta el día después cuando logré asimilar que me encontraba de nuevo en el sitio que nunca quise dejar y al que llevaba mucho tiempo queriendo volver. Muchos creerán que esto suena tópico, pero en las islas, el clima, el ambiente, la luz, la gente de Canarias es especial y los que hemos estado allí creo que coincidimos en gran medida.
 Lo primero que me asombró al día siguiente de mi llegada fue el ver de nuevo, después de muchos años, vehículos militares por la ciudad y todavía me sorprendió más el ver UNIFORMES MILITARES por la calle, menuda "noticia" ¿no?
Según como se mire, pienso yo, porque la verdad es que donde yo vivo no se ven muchos vehículos militares por la calle (salvo cuando hay un desfile y por televisión). Eso sí, los pocos que se ven son muchísimos comparados con los uniformes, porque de esos no se ve ninguno. La verdad es que yo no sé si es bueno o es malo que los militares no vayan de uniforme por la calle, pero hace tiempo un estudiante francés que estaba haciendo una tesis sobre las Fuerzas Armadas españolas manifestó su extrañeza de que en España no se vean militares de uniforme por la calle. Cuando estaba en la mili, la ciudad percibía muchos ingresos a causa de los que la hicimos allí, o al menos eso pienso yo, ya que cada fin de semana que salíamos del cuartel, veías las calles inundadas de "reclutas" y "veteranos", vestidos de "bonito" hasta que uno se cambiaba de ropa en el bar, el piso, el portal, cualquier sitio era bueno, pero aún así se nos reconocía por allá donde pasábamos.
Las Coloradas al fondo desde Las Canteras
El primer día estuve paseando por la playa de Las Canteras, como un turista más, pero con la diferencia que por mi cabeza iban pasando recuerdos a cada paso que daba, cada rincón que veía me devolvía imágenes concretas, de una manera especial, fijándome en cosas que no creo que se fije alguien que vaya de turismo, como Las Coloradas, a lo lejos, levantándose al final del paseo detrás de los hoteles y entonces fue cuando me dio un subidón, comencé a revivir momentos del cuartel sin estar en él. Me senté en una de las terrazas que hay a lo largo del paseo, que por cierto, creo que duplican en número a las que habían allá por los 80, disfrutando de la vista que tenía ante mis ojos al igual que de unas buenas y fresquitas cervezas acompañadas con las "papas arrugás y su mojo" que tanto me gustaban y me siguen gustando, unas sardinitas plancha y poco más.
Después de esa mañana tan "especial" me desplacé al sur de la isla, a Puerto Rico, para empezar a currar en un restaurante donde estuve tan solo durante 4 días, y de los cuales prefiero no acordarme. En ese tiempo y por las mañanas me dediqué a ver la zona de alrededor, ya que solo curraba desde las 7 de la tarde hasta las 2 de la madrugada, pues en el año de mili digamos que "no tuve la ocasión" de rodar por esa zona todo lo que me hubiese gustado, Maspalomas, Playa del Inglés, Mogán, Arguineguín, Telde, El Pajar fueron algunos de los sitios en los que estuve. Hasta el día de la verdad, el día en que tocaba ir de visita. Era jueves, tenía libre en el curro y había quedado en verme con la persona que iba a hacer de "guía". Nos vimos por la mañana en un centro comercial, y allí comenzó la expedición, volvimos a Las Canteras y estuvimos de "romería" como yo llamo a ir de birras, hasta mediodía que llegamos a comer a uno de los mejores sitios en que he estado,Tasca Rebereque, donde después de tomar unas cañitas pasamos a degustar varios platos estupendos y a disfrutar de una sobremesa y una conversación que tardaré en olvidar. 
La Tasca Rebereque por fuera
En cuanto acabamos de comer nos desplazamos hacia el cuartel y yo estaba como un niño el primer día de colegio, con los nervios a tope, con ganas hasta de llorar, pero de alegría y emoción por lo que iba a ver, todavía no me lo creía, era como un sueño. Habíamos quedado allí con el "guia" interno del Regimiento que nos iba a acompañar, pero no pudo estar por cuestiones profesionales y esa misma tarde quedé de nuevo con él para el día siguiente.
Al llegar a la puerta me puse a temblar, no se por que, pero me entró tal clase de emoción que hubo un momento en el cual creí que me daba una taquicardia. Nos pidieron la documentación, firmamos la hoja de visita, explicamos el motivo por el que estábamos allí,  nos dieron la correspondiente tarjeta de visitante y nos dijeron que nos estaban esperando en el bar de mandos. Mis ojos no daban abasto a mirar, a intentar retener todo lo que tenían ante ellos, miraba y recordaba, pero asimilar todo a la vez eran muchos datos para mi disco duro. 
Que buena está la Tropical
Estuvimos tomando unas cervezas (no podían faltar) en la terraza del bar y dimos una vuelta tomando algunas fotos, estaban preparando para salir el domingo por la noche hacia el campo de maniobras y por eso habían "formado" los vehículos en el patio de armas, en la explanada principal. Noté algunos cambios nada más entrar, como que el cuarto donde descansábamos en las guardias de prevención y los calabozos que estaban al lado habían desaparecido. Otro de los cambios y quizás el más gordo fue que allí no había "ni dios", ya que terminan de "currar" a las 15:00 y desaparecen del cuartel, como en una "empresa pública" vamos. Me daba la sensación de que estaba en un sitio "fantasma" pero al mismo tiempo con vida propia, sin ver a nadie por sus calles, las compañías cerradas, el Hogar del Soldado donde tantas y tantas historias he vivido, estaba cerrado, no se escuchaba nada en todo el recinto, era una sensación de lo más extraña pero pudimos recorrerlo con toda tranquilidad, aunque repito que me resultaba un tanto extraño el no ver gente por las calles del cuartel, como en los tiempos de mili en los que andábamos arriba y abajo; ya no se hacen guardias de garita, por lo menos eso es lo que me pareció, tan solo en la puerta principal. Pero mi cerebro actuaba como una máquina del tiempo, intentando volver 27 años atrás e imaginando esas calles habitadas por soldados, haciendo los cursos o las clases teóricas sentados en la puerta de las compañías, entrando y saliendo del comedor, limpiando el armamento, las formaciones de retén en el patio, el sargento de semana leyendo la orden en la puerta de la Compañía....y muchas cosas más que en esos momentos iban acudiendo a mi memoria. 
Vehículos en el Patio de Armas
Y así pasó casi hora y media sin darme apenas cuenta, ya que no asociaba lo que estaba viviendo durante el recorrido, lo hice por la noche al acostarme y rebobinar todo lo que había sucedido ese jueves 3 de Noviembre de 2011. 
Esto no acaba aquí....os dejo un enlace con fotos del viaje: FOTOS

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