La Isleta...Campo de Concentración

Francmi08
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Cuando uno busca algo sobre la Guerra Civil en España, siempre encuentra algún dato que resulta cuanto menos increible en el mundo en que estamos acostumbrados a vivir. El desconocimiento de esta etapa de la historia, me ha hecho reflexionar y pensar en lo que debieron de sufrir algunos familiares de los que lean esto (no se si será mi caso, pero no tengo constancia de ello) en uno u otro bando, no voy a entrar en esa cuestión, sino que la reflexión viene dada por el puro sufrimiento, la angustia, la desesperación que debieron sentir todos aquellos que pisaran un campo de concentración en un estado de guerra. Buscando información de esa etapa de la historia de España, que estuviese relacionado con Canarias, tropecé con varios artículos que hablan sobre el campo de concentración de La Isleta, zona en la que cumplí mi Servicio Militar Obligatorio, o lo que es lo mismo, donde hice la mili. Yo tenía 20 años y aunque hacía menos tiempo que ahora de aquella Guerra Civil, no pasaba por mi cabeza en aquella época el querer descubrir nada sobre la guerra del 36.

El puerto de La Luz con La isleta al fondo-1935
Sobre permanecer durante 13 meses y 12 días en La Isleta, nunca tuve conocimiento de esa parte de la historia, una historia que comienza en julio de 1936, con la sublevación militar y en la que cientos de presos políticos abarrotan las diferentes prisiones de la isla, las cuales no tienen capacidad suficiente para tantos detenidos. Los campos de concentración se van llenando de presos políticos a medida que pasan los días de ese fatídico verano.
Se improvisan otros lugares de internamiento masivo como son el Campo de Concentración de La Isleta en Las Palmas de Gran Canaria al noroeste de la isla, luego el de Gando, al sur de la isla y el de Fyffes en Santa Cruz de Tenerife. Por ellos pasarán miles de canarios entre los años 1936 y 1945.
Lazareto de Gando-Foto:Teodoro Maisch
El campo de La Isleta se ubicó en los terrenos militares de la península del mismo nombre,  entre el Faro y el Cuartel de Artillería, al noroeste de Gran Canaria. Situado en un lugar elevado, estaba limitado por una triple hilera de alambradas de púas, sostenida cada pocos metros por gruesos postes de madera y sujetada con grapas. 
En su interior se levantaron casetas de campaña de lona, con capacidad para 12 o 14 personas y en las que llegaron a estar hasta 50 presos. Tenían forma de cono, sostenido por un fuerte palo central y sogas exteriores atadas a gruesas piedras que daban tirantez a la estructura. Esta situación me ha hecho pensar en los terrenos en donde yo había estado durante la mili, los terrenos que ocupan alguno de los cuarteles que allí se encuentran, o arriba en Las Coloradas, donde hacíamos la instrucción, dado que los parajes ocupados por los militares se remontan a hace más de cincuenta años y continuando con la búsqueda de información sobre el campo, encuentro en la "biblia" de internet que es la Wikipedia, que la antigua prisión de La Isleta, situada cerca del polígono industrial conocido por El Sebadal así como del Puerto de La Luz, fue utilizada como Campo de concentración durante la Guerra Civil española, 
El Faro en 1925-Fernando Perez Melián
Siguiendo con la descripción, fuera del recinto estaban las tiendas de los jefes del campo y las del cuerpo de guardia, así como los almacenes para la comida y la cocina de campaña. La estrecha vigilancia hacía imposible la fuga y estaba a cargo de numerosos soldados de reemplazo que se apostaban cada cinco metros a lo largo de todo el perímetro del campo; junto a ellos se situaban falangistas que vigilaban, al mismo tiempo, a soldados y a presos y en cada uno de los vértices del campo, había una garita con ametralladora.
Los cabos de vara, los presos que se encargaban del cumplimiento de las  normas, estaban dispuestos a apalear a otros presos con tal de librarse ellos de los palos, de tener doble ración de rancho, de poder fumar tabaco y tomar café y coñac.
Mini-bunker junto al Castillo de S. Cristobal
La Isleta, que hoy constituye una de las tres grandes penínsulas de la isla de Gran Canaria y una de las señas geográficas más peculiares de Canarias,  se hizo tristemente célebre por la brutalidad que se empleaba contra los presos, pues era más un campo de castigo que de concentración y a su vez era un campo de trabajo, pues en ese tiempo se construyeron varios caminos o pistas: una que conducía al Faro y otra a una batería de costa (de alguna de ellas todavía quedan restos hoy en día) aunque muchas de las tareas impuestas sólo eran una forma de agotar a los prisioneros.
Los “paseos”(matanzas) eran frecuentes.  Cuentan algunos testimonios, que por la tarde llegaba un coche, con una lista de presos y se los llevaban para el interrogatorio nocturno, "estos ya no regresaban". En las playas aparecían días después hombres ahogados, con los brazos atados con alambre. 
El 6 de agosto de 1936 fueron fusilados en el campo de tiro de La Isleta,  Eduardo Suárez y Fernando Egea, que habían sido condenados en un Consejo de Guerra sumarísimo. A las seis de la mañana de ese día, los presos del campo oyeron los disparos que acababan con sus vidas. La indignación se apoderó de los presos, y muchos de ellos fueron apaleados por protestar por los fusilamientos.
Desde el momento en que llegaban al campo y después de hacerles una ficha y otorgarles el número correspondiente, los presos empezaban a recibir garrotazos por parte de los suboficiales de la oficina. Luego los cabos de vara, mientras atravesaban un estrecho pasillo de alambradas, les molían a palos en la cabeza, cara y espalda. Durante el trabajo, más de lo mismo, por infracción de alguna de las normas: si se les caía el café, por falta de marcialidad a la hora de desfilar o falta de entusiasmo al proferir los gritos de rigor, por quedarse dormidos, por comentar temas prohibidos con algún compañero... cualquier "motivo" era suficiente para empezar a repartir palos.
Dichos castigos se hacían a la vista de todos para dar escarmiento y consistían en apaleamientos delante de la misma formación de reclusos, o se les iba a buscar a su chabola de noche, se les sacaba al exterior del campo y, detrás del cuerpo de guardia, les propinaban una brutal paliza estando esposados, también les obligaban a correr con un saco de arena a la espalda, descalzos sobre el picón, hasta que sus pies ensangrentados ya no daban más de sí. Les obligaban a ingerir purgantes, como aceite lubricante, cristales de sal de la Higuera, epsomita o sulfato de magnesio, lo que solía ser un castigo menos doloroso, pero tremendamente efectivo a la hora de debilitar el organismo. 
Cuerpos de republicanos fusilados por los franquistas 
-Muchos de los presos de La Isleta pasaron también por interrogatorios a cargo de los temibles policías de la Comisaría de Investigación y Vigilancia de Las Palmas
-Muchos eran sacados del campo y remitidos a la propia comisaría para regresar después de unos días de "tratamiento especial".
-Muchos no regresaron al campo, lo que induce a pensar que murieran en pleno interrogatorio.
Es el caso del presidente de la Federación Obrera de Las Palmas, Agustín Cabrera, que salió del campo el 27 de enero de 1937 y se sabe, por testimonios directos, que fue ahorcado en la misma comisaría en presencia de otros presos.
Presos en el Campo de Lazareto-Gando
En el campo los prisioneros dormían hacinados en sus chabolas, hasta tal punto que una variación de la postura para dormir conllevaba el cambio automático de toda la hilera. En dichas chabolas el olor era insoportable y numerosos parásitos campaban por sus cuerpos, sufriendo plagas de piojos y pulgas. La alimentación, si es que se podía llamar así, era mínima: café aguado por la mañana y unos cazos de rancho dos veces al día, un "diossabeque" pardo a base de fideos y papas, a veces con carne cocida en el mismo caldo o tocino. Esto con una ración de gofio de millo para mezclarlo con el rancho.
Todos estos episodios, estremecen, le ponen a uno la piel de gallina cuando se analiza friamente el sufrimiento, el dolor, la angustia, la impotencia sobre alguien que se cree superior descargando una ira injusta sobre seres desvalidos, despojados de toda dignidad. 
Un testigo excepcional de esos hechos fue Domingo Valencia. Con tan solo dieciséis años fue condenado por un Consejo de Guerra a 16 años de prisión por el terrible delito de defender la legalidad republicana.
Esto no fue una película, es UNA REALIDAD.







Enlaces relacionados:
Preso en Gran Canaria
El Pozo. 55 artículos sobre la Guerra Civil en Canarias (mayo, 1995 - febrero, 1997)
ISLETA PUERTO DE LA LUZ: CAMPOS DE CONCENTRACION
Un lugar para el castigo






Bibliografía relacionada:
MAÑÁ, G. et al. La voz de los náufragos: la narrativa republicana entre 1936 y 1939. Madrid, de la Torre, 1997.
MEDINA, J. Isleta/Puerto de La Luz: campos de concentración. Imprenta José-Luis Hernández Díaz, Las Palmas de Gran Canaria, 2002.
MOLINERO, C. et al.. Una inmensa prisión: los campos de concentración y las prisiones durante la guerra civil y el franquismo.
NÚÑEZ, M. Los años del terror: la estrategia de dominio y represión del general Franco. Esfera de los Libros, Madrid, 2004.
RODRIGO, J. Los campos de concentración franquistas: entre la historia y la memoria. Siete Mares, Madrid, 2003.
RODRIGO, J. Cautivos: campos de concentración en la España franquista, 1936-1947. Crítica, Barcelona, 2005. 


Revistas digitales
RODRIGO, J. Internamiento y trabajo forzoso: los campos de concentración de Franco. Hispania Nova, Revista de historia contemporánea, vol. 6, Separata, 2006.


Prensa digital
- Agosto 1936. R. González. Canariasahora.es, 31-7-2008.


Material audiovisual
Canarias: Los campos de la muerte. YouTube

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3 Comentarios :

  1. Hola que tal estas? me alegra volver a contactar contigo y que seas el primero en estrenar la nueva idea. Este es tu enlace: http://www.informamemas.com/2012/03/la-isletacampo-de-concentracion.html
    Un saludo

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    Respuestas
    1. Gracias por la oportunidad de probar la idea, esperemos que de resultado positivo.

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    2. Veremos a ver como resulta, ya sabemos que todo es cuestion de probar.

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