La reserva militar en España

Francmi08
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Nos hacemos eco de un artículo aparecido en AteneaDigital.es y escrito por César Pintado, Alférez (RV) del Ejército de Tierra.
Como cualquier empresa, los ejércitos conocen fluctuaciones en su nivel de actividad que les llevan a buscar unas plantillas flexibles. A menudo es necesario hacer frente a necesidades temporales y la forma más rápida es recurrir a personal ya formado antes de reclutar otro nuevo. Ese personal en la milicia suelen ser los reservistas.
Para empezar conviene definir qué es un reservista. 
Según el Reglamento para Reservistas aprobado en RD 383/2011: "Son reservistas los españoles que, en aplicación del derecho y deber constitucionales de defender a España, pueden ser llamados a incorporarse a las Fuerzas Armadas para participar en las misiones definidas en la Ley Orgánica 5/2005, de 17 de noviembre, de la Defensa Nacional". O dicho de otra manera, aquellas personas que pueden ser reclutadas como complemento de las capacidades militares corrientes, ya sea de forma voluntaria u obligatoria. Desaparecida la figura del reservista temporal, dicho Reglamento distingue tres clases de reservistas: los obligatorios, los de especial de disponibilidad y los voluntarios.


Los obligatorios son los españoles de entre 19 y 25 años que pueden ser movilizados en caso de conflicto o crisis severa, lo que equivale a una vía para restablecer el servicio militar obligatorio en circunstancias extremas. Se trata pues de una figura que no se prevé materializar y que sólo existe sobre el papel.
Los reservistas de especial disponibilidad son aquellos militares que, habiendo alcanzado el límite de edad y tras un mínimo de 18 años de servicio, pueden mantener hasta los 65 años la disponibilidad para volver a sus antiguas unidades. Cobran por ello una media pensión mensual, a pesar de que no se ha previsto aún para ellos ningún plan de adiestramiento ni para prestación de servicio, y su número (unos 200) es aún poco más que testimonial. Eso nos deja con que la única reserva militar activa en España es la Reserva Voluntaria. Se trata de ciudadanos que, tras obtener plaza en la correspondiente convocatoria y superar dos períodos de formación, adquieren un compromiso de disponibilidad para aportar sus conocimientos y experiencias a las Fuerzas Armadas. Actualmente son sobre 5.600, a pesar de que Defensa se marcó el objetivo de llegar a 6.500 a finales del año pasado.


Reflexionemos un momento sobre el panorama actual y las necesidades de la reserva militar en España. En general, la profesionalización de los ejércitos ha obligado a cambiar el modelo de reserva desde una reserva masiva y obligatoria generada automáticamente por la mili a una reserva más reducida, voluntaria y especializada. Si España, como algunos de sus aliados, se ve presionada a recortar coyunturalmente sus efectivos, la medida paliativa más obvia es dotarse de un componente de reserva más capaz.
Si atendemos a criterios funcionales, podemos distinguir en general entre:
reservas de refuerzo (destinadas a aumentar las plantillas de las unidades o a formar unidades propias, incluso operativas) y 
reservas de especialistas (cuya aportación es más cualitativa que cuantitativa). 
La Reserva Voluntaria es principalmente una reserva de especialistas, como se desprende de las plazas ofertadas en sus convocatorias, y compuesta principalmente por oficiales y suboficiales. La idea es que esos voluntarios aporten especialidades difíciles de encontrar en las Fuerzas Armadas, y que van desde conservación de museos a informática. El Artículo 38.3 del Reglamento les encomienda tareas logísticas, técnicas, administrativas y docentes a discreción del jefe de la unidad. Sin embargo, incluye algunos puestos operativos en Infantería de Marina y en el Ejército del Aire. Por otra parte, el Artículo 14 prevé su formación específica para ocupar el puesto designado en caso de crisis. Se diría que el nuevo Reglamento ha dejado la puerta para convertir la Reserva Voluntaria es una de tipo mixto, combinando la función de refuerzo con la del especialista.
Ahora bien, la reserva en general y la Reserva Voluntaria en particular están aún muy lejos de ser un instrumento resolutivo para la Defensa. Los motivos son principalmente tres:
    Insuficiencia cuantitativa
Una reserva, aunque sea de especialistas, no proporcionará un apoyo significativo si no representa al menos el 10% del componente activo. De hecho, el titular de Defensa planteó en 2005 un objetivo en esa línea. Si se trata además de una reserva de refuerzo, el objetivo debe ser mucho más alto.
    Insuficiencia cualitativa
Es una opinión casi unánime que la Reserva Voluntaria necesita mucha más formación. El nuevo Reglamento ha aumentado los períodos máximos de formación y promueve la formación continuada. Además, desde hace cinco años se ofrecen cursos específicos para reservistas. Sin embargo, la frecuencia y la duración de las activaciones de la mayoría de los reservistas no les permiten alcanzar un nivel de instrucción satisfactorio.
     Disponibilidad. 
La disponibilidad del reservista experimenta cambios y el Reglamento prevé los supuestos para extender o suspender las activaciones. Pero el principal problema es la falta de protección laboral para el reservista. A diferencia de en otras reservas aliadas, el reservista español suele usar sus vacaciones o ve comprometido su puesto de trabajo. La otra cara del problema es que el empresario con empleados reservistas no tiene ningún programa de apoyo ni casi compensación alguna.
Si hablamos del vínculo cívico-militar, el Reglamento encomienda a las asociaciones de reservistas contribuir al mantenimiento de las relaciones de la sociedad con sus Fuerzas Armadas, difundir la cultura de seguridad y defensa, organizar conferencias y cursos sobre historia militar y promover la renovación del juramento o promesa ante la Bandera.
Como parece obvio, conseguir una verdadera reserva militar necesita una conciencia de defensa, a la vez que la reserva es prueba e instrumento de tal. Conciencia que muchos ciudadanos ya demuestran con su disposición a servir en la Fuerzas Armadas a pesar de los sacrificios. Ahora le toca el turno al ejecutivo que debe concebir y desarrollar la reserva militar que España precisa y a los agentes sociales que deben facilitar su misión.




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