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Las explosiones, tanto de explosivos improvisados como las producidas en enfrentamientos con el enemigo, pueden provocar heridas traumáticas en el cerebro (TBI)(Traumatic Brain Injury) y que, aunque a menudo no se detectan, han afectado a más de 200.000 soldados estadounidenses en los últimos diez años. El problema es mayor porque cuando se detectan pueden haber pasado muchos años, por lo que su tratamiento se dificulta. Un estudio de 2009 indicaba que la mitad de las heridas producidas en combate eran debidas a las explosiones y muchas de ellas implicaban heridas en la cabeza. Además, otros estudios indican que las lesiones cerebrales tienen un efecto acumulativo.
Por ello, desde hace años se está investigando la posibilidad de detectar el impacto de las explosiones sobre los soldados, en especial, la acumulación de explosiones sobre los mismos, como cristales que cambian de color al recibir la explosión, cambio de color que indicará la gravedad de la explosión a que ha estado expuesto el soldado y, por tanto, la necesidad de que se realice un estudio más profundo de su estado. Dos tipos de sensores serán probados en Afganistán por el Ejército estadounidense para medir los efectos de las explosiones sobre el cerebro. La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de la Defensa, DARPA, ha diseñado y fabricado y está probando un dosímetro experimental que puede ayudar a limitar los impactos de las heridas traumáticas en el cerebro determinando la gravedad de las explosiones a las que ha sido expuesto un soldado. 

Este dosímetro de explosivos proporcionará al personal médico una medida cuantitativa del nivel de exposición del soldado a las explosiones, permitiendo una mejor evaluación de las posibles lesiones relacionadas con las explosiones y el tratamiento requerido para cada soldado individual.
Según Jeff Rogers, director del programa de DARPA: "En los conflictos anteriores al siglo XX las muertes por enfermedad eran aproximadamente siete veces mayores que las causadas por heridas recibidas en combate. Esto cambió fundamentalmente en el siglo pasado cuando las mejoras en la sanidad y la evacuación, junto a los avances en el tratamiento médico, redujeron significativamente tanto el riesgo relativo de las enfermedades como la incidencia de las propias bajas en combate. En contraste, el riesgo de heridas cerebrales producidas por explosiones ha aumentado. Para comenzar a tratar este problema, necesitamos comprender las exposiciones a las explosiones que están experimentando los soldados."
"El programa de DARPA "Prevenir los traumas neurológicos de explosiones violentas" (PREVENT) ha evaluado de forma general la física de la interacción entre una explosión de un explosivo no improvisado y el sistema neurológico y ha determinado que componentes de la explosión están asociados con heridas neurológicas," explicó Rogers. El objetivo de DARPA era aplicar este conocimiento al desarrollo de un equipo capaz tratar la necesidad urgente actual para conocer el grado de exposición a las explosiones y que no suponga un aumento de peso en el equipo del soldado. Con ello DARPA desarrolló un equipo ligero y desechable. El dosímetro tiene un microprocesador que controla las mediciones de los sensores, bastante sensibles para percibir los cambios abruptos de presión característicos de las explosiones. El dosímetro utiliza un software especialmente diseñado para percibir y almacenar los hechos relevantes, reduciendo a la vez, de forma impresionante, la probabilidad de falsas alarmas. El dosímetro incluye luces de estado para ayudar en el triaje sobre el terreno y un micro puerto USB para descargar los datos obtenidos, inicialmente para los investigadores y, en último término, para determinar el tratamiento médico. Los dosímetros pueden colocarse en los cascos, otros elementos del equipo del soldado o en soportes que tienen los vehículos, también importante para medir las presiones que se producen en el interior de los mismos y que también afectan a los soldados.
La herida principal provocada por una explosión se cree que es producida por la exposición a la onda de sobrepresión generada por la propia explosión. La onda de presión viaja a gran velocidad y es afectada por el entorno que la rodea, como áreas cerradas, lo que sucede en el interior de un vehículo. Si la presión de la explosión es bastante grave, puede provocar que los órganos llenos de aire, como los pulmones, se colapsen; asimismo, los órganos del cuerpo llenos de líquidos, como el cerebro, también son susceptibles de tener heridas. La sobrepresión desaparece rápidamente, teniendo mayor riesgo de heridas los que se encuentran más cerca de la explosión.
"El dosímetro ha sido desarrollado en 11 meses, con un coste de un millón de dólares y es uno de los proyectos que permite a DARPA proporcionar nuevas posibilidades directamente a los soldados," dijo Rogers. "Aproximadamente del tamaño de un reloj, el Ejército comenzará a realizar pruebas de campo este verano. Trabajaremos en estrecho contacto con el Ejército de Tierra y los otros ejércitos para desplegar este equipo tan rápidamente como sea posible y determinar su potencial." El Ejército dotará a una brigada desplegada en Afganistán en las próximas semanas con estos dosímetros, de los que cada soldado llevará tres: uno en el casco y los otros dos en el chaleco, en la parte anterior y en la posterior. Tras una explosión que se haya producido cerca de un soldado, un médico insertará un USB en el puerto del dosímetro para descargar los datos de los sensores y, de forma inmediata podrá conocer la intensidad de la explosión porque parpadeará una luz, de color verde, amarillo o roja, que indicará si la intensidad de la explosión ha sido lo suficientemente elevada para que se proporcione atención médica. Y, como indicaba el coronel Geoffrey Ling de DARPA: "Estaremos realmente preocupados por un soldado cuando no se esté quejando."
Un segundo sensor desarrollado por el Ejército, llevado en el casco para medir como la cabeza se ve afectada, golpeada, por la explosión, será utilizado por seis brigadas en diciembre. El coste de desarrollo y fabricación de este segundo dosímetro costó 50 millones de dólares, según el director del programa, el teniente coronel John Rickey. Asimismo, se espera dotar a unos 50 - 100 vehículos blindados protegidos contra minas (MRAP) también con estos dosímetros en la barcaza y en los asientos conectados a una caja negra.
Según el director de investigación sobre heridas producidas por explosiones, Michael Leggieri, "Estamos atacando este [problema] desde muchas direcciones. Es como un puzle al que se le están poniendo todas las piezas."


Noticia: http://www.revistatenea.es/RevistaAtenea/REVISTA/articulos/GestionNoticias_5280_ESP.asp

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