Recuerdos de la Mili

Francmi08
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Van pasando los años y vemos que algunas cosas no cambian tanto, los ensayos nocturnos son muy parecidos ahora que hace 28 años, aunque con algunas diferencias, sobre todo técnicas; entonces no se usaban medios para la visión nocturna como ahora, ni nos daban comida en lata racionadas individualmente (se recibían desde casa por paquete postal), pero si que nos "pintábamos" la cara y usábamos la brújula para orientarnos, dormíamos en tiendas para dos con todo el equipo dentro, tampoco teníamos cerca terroristas suicidas también es cierto, pero eran los que llamábamos entonces "juegos de guerra". Eran OTROS TIEMPOS.

HEMEROTECA - 19/05/2008 
La guerra se `juega´ en equipo
POR ALBERTO RIVERO.LAS PALMAS.

Campamento en 1983
"A media tarde, la instrucción continuada con el Batallón Ceriñola de la que ABC y otros medios de comunicación pudieron formar parte esta semana, prosigue con el establecimiento de un puesto de control. La finalidad de un puesto de control, que puede ser fijo o móvil, es preservar la seguridad de un enclave y sus accesos comunicativos para evitar, entre otras agresiones, la penetración de vehículos sospechosos e incluso de potenciales terroristas suicidas. También conocido como checkpoint, el puesto es lo más parecido a un control policial, con la salvedad de que su despliegue, organizado a gran escala, se basa en tres puntos: un equipo de registro, otro de persecución y apoyo y un último equipo encargado de la vigilancia general del puesto. El checkpoint es uno de los puntos que generan más tensión en un conflicto, más si cabe cuando se traspasan las fronteras de Occidente y el enemigo contempla la inmolación como parte de la estrategia bélica.
Antes del ocaso, los soldados se dirigen al vivac, una especie de campamento en el que las tropas pasarán la noche. En un abrir y cerrar de ojos, lo que hace unos instantes fue una extensa llanura se convierte en un huerto de casetas unipersonales. Se acerca el momento de degustar una de las raciones individuales de combate de las Fuerzas Armadas, la envidia, según los militares, de todas las tropas internacionales en zonas de conflicto. La comida se distribuye en paquetes que constan de varias latas correspondientes a menús variados y que incluyen cocido madrileño, salchichas con tomate o pulpo al ajillo, fruta y sopas de sobre para cuando las inclemencias meteorológicas inviten a comer caliente.
«En Afganistán, los americanos nos proponían cambiar alguna de nuestras raciones por objetos de valor. Incluso fuera de España seguimos teniendo la mejor gastronomía del mundo», bromean varios soldados.
La instrucción nocturna requiere un enmascarado profundo del rostro. La tropa se pinta la cara para `romper´ su silueta. Este método de camuflaje supone que el soldado se convierta en un elemento más de la naturaleza. Sería intolerable ser delatado por el brillo que desprende una cara mal pintada, de ahí que sea habitual que entre compañeros se ayuden con el maquillaje.
Con la única iluminación de la luna y del viejo faro de La Isleta, las distintas compañías del batallón practican movimientos en la oscuridad con la preservación del silencio como máximo requisito. De vuelta al campo de tiro, los militares se enfrentan de nuevo a la diana con la ayuda de un dispositivo de visión nocturna acoplado al fusil HK. Otro elemento de apoyo son las gafas de visión nocturna que permiten acechar hasta el más mínimo detalle entre una atmósfera en la que todo se torna verde. De película.
En el vivac, las conversaciones entre los jóvenes soldados, chavales que en su mayoría no pasan de veinticinco años, son las que puede tener un grupo de amigos en la calle. Fútbol, las novias y alguna alusión al ya mundialmente conocido chiki-chiki rellenan los pocos ratos libres. Al igual que entre soldados, la camaradería entre los mandos es absoluta. Anécdotas, recuerdos agradables y otras experiencias derivadas del tú a tú con el campo ponen fin a la jornada.
Tiros y gritos
De madrugada, un soldado da la voz de alarma. Las compañías del batallón simulan un ataque al campamento. Se escuchan tiros y gritos. La protección del vivac y de las personalidades que allí se alojan es fundamental. En esencia, esa es la labor que desempeñaron los hombres del Regimiento Canarias 50 en la misión en la que participaron en Afganistán. Pero vendrán más.
Con la llegada de la noche, los soldados se enmascaran en el vivac para afrontar la instrucción nocturna."


Las fotos pertenecen al album "fotos de la mili" donde se pueden ver los recuerdos gráficos de aquellos días de los años 1983/84 pasados en Las Palmas de Gran Canaria.

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