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Francmi08
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EN DATOS
2002
La misión española en Afganistán comenzó en 2002, una operación liderada por la a requerimiento de Naciones Unidas. A partir del año que viene comenzará el repliegue de las tropas. La previsión es que durante el primer semestre vuelva el 10% del contingente actual.

Un total de 1.500 militares españoles participan en la ISAF. Hay que recordar que aunque la intervención en Afganistán está a cargo de la OTAN, la estructura de mando responde a la aportación de recursos de los países. De ahí que el máximo responsable sea un militar estadounidense (David Petraeus). EE.UU. tiene desplegados en Afganistán 90.000 militares. La participación española le sitúa como el décimo país contribuyente entre las 48 naciones que componen la ISAF.


Perfectos militares en Afganistán
La escena tiene lugar en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Militar «Gómez Ulla». La ministra de Defensa, Carme Chacón, el jefe del Ejército de Tierra, general Fulgencio Coll, y el comandante del Mando de Operaciones, teniente general Jaime Domínguez Buj, hacen acto de presencia en la habitación donde se encuentra el teniente Agustín Gras Baeza (Melilla, 1982), que ha perdido una pierna tres días antes en Ludina (Afganistán) tras un ataque talibán con mina. Ese ataque fue el sábado 18, muy similar al que ayer costó la vida a dos militares españoles. El teniente Gras Baeza trata de incorporarse con rapidez. Diligente, inicia los movimientos para cuadrarse ante la cúpula militar... hasta que un impresionado general Coll le hace el saludo. Todos se quedan estupefactos.
Lo mismo sucede en Nápoles un día antes, como ya se publicó en el blog en su día, donde el avión que le traía —junto a sus tres compañeros y el traductor herido— hizo escala para recoger cuatro bolsas de sangre que necesitaban los heridos. De ese encuentro con el teniente Gras Baeza, salió emocionado otro mando del Ejército cuya carta -que podemos leer aquí- se ha difundido estos días: «Me reconoció inmediatamente y se quedó sorprendido al verme. Sabía de mi destino en La Legión. Se quería incorporar para saludarme mejor, tal y como Millán-Astray cuenta que hacían los legionarios heridos en las campañas. ... Después me hizo un breve repaso de la situación de su gente, como si de un “parte de novedades” se tratara, diciéndome que lo que más le preocupaba era el estado de la conductora. ¡Con lo que él tiene encima! Este teniente me ha dado una lección de mando».


Nueva casta de soldados
La misión de Afganistán —en la que España entró en 2002 y saldrá progresivamente de 2012 a 2014— ha dado al Ejército esta nueva casta de militares, que ha cogido con brío el relevo de otra generación curtida en los Balcanes en los años 90 en aquellas primeras misiones españolas en el exterior. «En los Balcanes comenzó a labrarse una imagen de las Fuerzas Armadas más cercana al ciudadano», destaca una fuente militar a ABC. Año tras año las FF.AA. es la institución má valorada por los españoles, según el CIS. Por Afganistán han pasado en relevos 18.000 militares españoles integrantes en la misión —actualmente hay 1.552—.
 Es la misión que más vidas ha costado a España.


«Afganistán es la misión más dura en la que se han visto envueltas las FF. AA. Ha supuesto nuestro cara a cara con el combate. Aquí nos hemos tenido que defender ante los ataques, mientras que en los Balcanes podías morir por algún francotirador. Aquí nos hemos dado cuenta que una misión humanitaria no es sólo entregar medicina. Además Afganistán ha puesto de relieve la necesidad de invertir en blindados», destaca la misma fuente militar.
Ángeles, hermana del teniente Gras, cuenta a ABC en el hospital Gómez Ulla cómo su hermano siempre tuvo claro su vocación: «Ante todo militar y aunque no tenga fuerzas, trata de cuadrarse delante de cualquier mando. Desde que era un mico, sabía que quería ser soldado. Cuando inició sus estudios universitarios se presentó a soldado profesional, quería empezar desde lo más bajo para llegar a ser un buen oficial. Podía haber elegido cualquier cuartel pero prefirió irse a la Legión porque es donde decía que más aprendería», explica su hermana.
Como el teniente Gras Baeza, la soldado y conductora del blindado atacado, Jenyfer García López, y los soldados Abián Quevedo Santana e Ibrahim Maanan Ismael nacieron en los ochenta —el más joven nació en 1988—. Salvo el teniente, que tuvo como primer destino en el exterior Bosnia y Herzegovina en 2003, Afganistán ha supuesto su primera misión en el exterior.
La soldado García López también sufrió la amputación de una pierna y ha visto truncada su carrera militar. Antes de su incorporación, Jenyfer era una deportista de elite en el arte marcial de Vovinam Viet Vo Dao, con cinco campeonatos de Europa ganados.Web oficial: http://www.vovinam.es/


«A sus órdenes, ministra»
Jenyfer conducía el blindado «Lince» que iba en cuarto lugar del convoy y que hizo explotar la mina preparada por los talibanes en la línea Lithium, a 5 kilómetros de Ludina. Una carga de 20 kilos, que cuadruplicaba la carga habitual empleada por los talibanes, hizo que el «Lince» no fuera suficiente para evitar la onda expansiva de la bomba, aunque salvó sus vidas.
«Los médicos me contaron que tras despertarse del largo shock lo primero que hizo el teniente Gras fue preguntar por sus hombres ... Pido a Dios por ellos, pero también pido porque España y su Ejército no los olvide. ¡No se lo merecen!», relata la emocionada carta del oficial en Nápoles.
Fin de la visita oficial de la ministra Chacón y la cúpula militar a los heridos en el hospital Gómez Ulla. ¿ Termina la conversación ?  No, el teniente Agustín Gras Baeza tiene una última palabra: «A sus órdenes, ministra. ¿Manda algo más?». Como sus hombres de Ludina, como los 18.000: un perfecto militar español más.


La misión más sangrienta
La misión militar española en la guerra de Afganistán ha sido la más costosa en vidas humanas, desde que España decidió participar en el año 2002 en la operación «Libertad Durarera» de Estados Unidos, pasando después a formar parte de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), liderada por la OTAN. En total han sido 93 los militares que han perdido la vida en este país asiático. A este número de fallecidos, hay que sumar tres más que murieron, uno por infarto y dos por accidentes de tráfico.
La mayor parte de los fallecidos han sido consecuencia de dos accidentes aéreos:
97 militares al estrellarse en mayo de 2003 en Turquía el avión Yakolev 42 que los trasladaba a España


así como los
17 militares que viajaban cerca de Herat (Afganistán) en un helicóptero «Cougar» en agosto de 2005
Sobre este último siniestro siempre quedó la duda si fue un accidente o un ataque de la insurgencia talibán. El resto de fallecidos, hasta un total de 12, han muerto como consecuencia de los ataques de los talibanes —sobre todo artefactos explosivos improvisados colocados al paso de los vehículos militares—, que se han recrudecido en los últimos meses. Esta cifra podría haber aumentado si no fuera porque España puso en marcha un plan de renovación de blindados, que permitió la sustitución de los viejos BMR por modernos blindados de los modelos «Lince».
En 2006 solo falleció un soldado de origen peruano, Jorge Arnaldo Hernández. 
En 2007 tambien fallecieron cuatro militares, entre ellos la primera mujer que pierde la vida en una misión militar, la soldado Idoia Rodríguez Buján.
En 2008, en un atentado suicida de una furgoneta bomba que embistió a un convoy español murieron otros dos militares. 
En 2009 perdió la vida el cabo Cristo Ancor.
En 2010 fue el año donde hasta ahora se ha registrado un mayor número de fallecidos, cuatro. En un mismo ataque fallecieron dos guardias civilies y un intérprete. En otro ataque falleció un militar.


Casi cien fallecidos en la misión más controvertida de las Fuerzas Armadas

El coste humano de la presencia de las Fuerzas Armadas en Afganistán va camino de alcanzar el centenar de muertos tras nueve años de misión en los que el nivel de compromiso de los gobiernos, primero del PP y luego del PSOE, ha tenido altibajos más por razones de conveniencia política -la relación con Estados Unidos- que por cuestiones estratégicas u operacionales. En este tiempo, a medida que se producían las bajas, las encuestas mostraban un aumento del escepticismo de la sociedad, que cada vez veía menos clara la necesidad de enviar soldados a una guerra lejana y que no reportaba al país beneficios visibles.
Los dos muertos ayer por la explosión de una mina en la Ruta Lithium (VIDEO)al paso de una columna de blindados elevan a 96 las víctimas de la misión. El atentado adquiere una significación especial al producirse dos días después de que José Luis Rodríguez Zapatero (BIOGRAFIA) anunciara el calendario de retirada, que se completará en 2014. Pero Afganistán hace mucho que se erigió en el teatro más mortífero para el Ejército: accidentes, ataques con explosivos y tiroteos han dejado un largo reguero de sangre que ha degradado la política española.
Nunca una misión con tanto respaldo político -solo IU y BNG la rechazaron siempre- provocó tanta división: desde que José María Aznar enviara en el 2002 a los primeros soldados a integrarse en la ISAF, el PSOE y el PP, desde el Gobierno o desde la oposición, utilizaron las sucesivas desgracias para atacarse. Lo hicieron los socialistas a cuenta de la gestión que hizo el PP del accidente del Yak-42 (WIKIPEDIA), que costó la vida a 62 militares en 2003. Y el PP quiso devolver el golpe cuando en agosto de 2005 un helicóptero 'Cougar' se estrelló cerca de Herat y murieron sus 17 ocupantes
Ha habido también disputas terminológicas. La pasada legislatura, mientras caían soldados, los diputados discutían sobre si estaban en guerra o en misión humanitaria, o si merecían tal o cual medalla, cuyo color dependía de cómo considerase la misión el gobierno de turno.
Tras los asesinatos del domingo, la ministra Chacón insistió en que los militares seguirán en Afganistán «para que el país no vuelva a convertirse en refugio de grupos terroristas y para garantizar la seguridad del resto del mundo». Es la justificación que se dio para el despliegue inicial, pero en estos años han aumentado las voces que, desde el propio Gobierno o desde las Fuerzas Armadas, la cuestionan en privado. Cada vez hay más expertos que creen que Afganistán solo ha reportado a España una interlocución privilegiada ante algunos gobiernos y en determinados foros.
El alto mando militar ve un beneficio más: la misión ha servido para que las Fuerzas Armadas ensayen su capacidad de mantener a un contingente de 2.000 hombres a miles de kilómetros de casa, en un terreno muy parecido al que, con toda probabilidad, acogerá los próximos conflictos bélicos.




Zona Talibán


Eran las 9.45 de la mañana de ayer, domingo. Les quedaban apenas veinte kilómetros para llegar a la base Ruy González de Clavijo de Qala i Naw y terminar la misión. El convoy español regresaba de realizar una patrulla de reconocimiento por la ruta Lithium cuando un artefacto explosivo improvisado (IED, por sus siglas en inglés) estalló al paso del primer vehículo y acabó con la vida del sargento Manuel Argudín Perrino, de 34 años, natural de Gijón, y la soldado Niyireth Pineda Marín, colombiana, de 31 años, e hirió a los otros tres ocupantes, que inmediatamente fueron evacuados al hospital que tiene la Alianza Atlántica en Bala Murghab.
Niyireth, natural de Colombia, tenía 31 años y un hijo. Una hermana, también militar, presta servicio en el Regimiento de Infantería Ligera Canarias 50, en el barrio de La Isleta de Las Palmas de Gran CanariaA Niyireth, la segunda mujer de las Fuerzas Armadas españolas que fallece en un atentado mientras presta servicio en una misión internacionalle segaron la vida ayer cerca de la localidad de Acesca, a unos 20 kilómetros de Qala-i-Naw. La primera fue la soldado gallega Idoia Rodríguez, que perdió la vida en febrero de 2007 del mismo modo y en el mismo país, el blindado en que viajaba Idoia, fue alcanzado de lleno por la deflagración. El de Niyireth recibió la descarga en el ala derecha, en la que viajaba ella.
Los talibanes de Badghis han necesitado dieciséis meses para causar las primeras bajas españolas con un IED, aunque la semana pasada estuvieron muy cerca de conseguir su objetivo. Cuatro soldados y un traductor fueron heridos, dos de ellos resultaron mutilados, al estallar un artefacto al paso de su vehículo cerca de la base de Ludina, pero ayer el blindaje del «Lince» que abría el convoy español no fue suficiente. Desde que el 1 de febrero del pasado año un IED acabara con la vida del soldado colombiano del Ejército español John Felipe Romero, de 21 años, e hiriera a los otros seis ocupantes, los nuevos vehículos blindados desplegados por España en Afganistán habían podido con los ataques insurgentes. Romero viajaba en un antiguo «BMR», pero el sargento Manuel Argudin y la soldado Niyireth Pineda lo hacían en uno de los nuevos «Lince», que esta vez no pudo con la cantidad de explosivo utilizada por el enemigo, que sin duda era superior a los veinte kilos del pasado sábado.





«Platos a presión»
Con el paso de los años, los talibanes han ido mejorando su técnica y adecuando la cantidad de explosivo a los vehículos de las tropas extranjeras. Y, como sucede a lo largo del país, aunque ha mejorado la seguridad de los soldados, no paran de producirse bajas. «Lo más común es un plato a presión; aquí no hay temporizadores, así que lo activa la propia víctima o el terrorista», aseguraban a ABC expertos en explosivos de la OTAN consultados en un viaje reciente a Herat, al oeste de Afganistán. Las fuerzas internacionales desarrollan su trabajo en lo que se denomina «ambiente IED» y la insurgencia ha demostrado saber ir avanzando conforme van mejorando las medidas de protección y blindaje de los vehículos extranjeros. «La única forma de lucha es lograr que no lo coloquen y para eso es fundamental el trabajo de inteligencia, cortarles el suministro, detener a los expertos… Porque una vez colocada, ellos cuentan con el factor sorpresa y nosotros solo podemos apelar a la suerte», señalaban los expertos consultados.
El contingente español va ganando protagonismo en la misión de ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad de Afganistán) desde que se produjo el aumento de efectivos en 2009 y su papel en el Oeste ha recibido el elogio en varias ocasiones del general Petraeus. El que se ha convertido en el nuevo director del espionaje estadounidense llegó a decir que «España marca la diferencia» por la «habilidad hispana para establecer comunicación y consultar con los líderes locales». Ese protagonismo se plasma sobre el terreno con decididos movimientos de vanguardia a zonas donde hay cada vez mayor presencia insurgente con el objetivo de crear «burbujas de seguridad», según terminología militar, que permitan extender la gobernabilidad a zonas donde antes nunca había llegado el mensaje de Kabul. Y este avance provoca la respuesta de una insurgencia que hasta ahora operaba cómodamente en el interior de los valles afganos.


Objetivo: Murghab
España avanza por dos rutas diferentes hacia el objetivo final marcado por la OTAN, que es el valle del Murghab, al norte de la provincia. Militares y la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo (AECID: http://es.wikipedia.org/wiki) van de la mano en este ascenso al norte a través de la ruta Lithium (aún incompleta y donde se han producido los últimos dos ataques de esta semana), que es un camino alternativo a la carretera principal del país, conocida como Ring Road (carretera circular). La base de Ludina se encuentra en este camino y es también objetivo de hostigamientos por parte del enemigo talibán. Además de la Lithium, España tiene presencia en una base avanzada en la aldea de Muqur, punto clave para dar comienzo a las obras de la Ring Road, y hace tres meses se inició la construcción de una nueva base avanzada en esta misma ruta en Darre i Bum, otro foco clave de la insurgencia donde el pasado día 21 se registraron dos ataques con armas ligeras contra una patrulla española, con el resultado de dos insurgentes muertos.


La «cara afgana»
En las dos rutas hacia el norte, unidades del Ejército Nacional afgano están presentes en cada operación, ya que todos los movimientos deben ser combinados, según marca la nueva estrategia de la OTAN que busca dotar de «una cara afgana» al proceso. Poco a poco se va produciendo el despliegue del «kandak» (batallón) afgano patrocinado por España y que será el que a partir de 2014 asuma el control total de la seguridad sobre el terreno.
El distrito de Muqur —por donde discurre el tramo de la ruta Lithium donde fue el ataque mortal— es uno de los puntos negros de la provincia afgana que está bajo responsabilidad española en Afganistán y lo más preocupante es que se encuentra realmente a las puertas de Qala i Naw, localidad donde se asienta la principal base española. Se trata de un distrito sobre el que Naciones Unidas alertó a finales de 2008 y lo incluyó en su lista de «distritos oscilantes» en los que «resulta necesario un esfuerzo extra para evitar que la insurgencia se haga con el poder absoluto».


El mulá Abdul Mannan
Muqur saltó a los medios españoles en octubre de 2009 cuando un líder insurgente local, el mulá Abdul Mannan, aseguró tener en su poder los restos de uno de los aviones no tripulados españoles destinados a la vigilancia y reconocimiento del terreno antes del paso de convoyes. Los talibanes se hicieron con un Mini UAV (siglas en inglés de vehículo aéreo no tripulado) Raven con el que España perdió el contacto en el transcurso de una patrulla. Este mismo mulá reivindicó también el atentado que costó la vida al soldado John Felipe Romero en febrero de 2010 y alertó de que disponía de «expertos para la colocación de explosivos».
Desde 2009 el movimiento talibán en Badghis —que podría disponer estos días de unos mil hombres dispuestos a combatir, según distintos informes consultados— ha sido descabezado en tres ocasiones por las fuerzas internacionales, pero ha demostrado capacidad de regeneración y los nuevos dirigentes siguen plantando cara a base de hostigamientos y artefactos explosivos improvisados. En febrero de 2009 murió el mulá Dasteguir, en octubre del siguiente año cayeron los mulás Ismail y Jamaloddin y en febrero de este año fue el turno del mulá Rashid, abatido cerca de Ludina.


Una lucha que no para
España, como el resto de los países de la Alianza Atlántica, ultima sus planes de retirada mientras los talibanes siguen demostrando un verano más que su lucha no va a parar. Además de los dos españoles, otros tres soldados de la OTAN murieron ayer en Afganistán en acciones de la insurgencia.
En violeta miembros de la UE y OTAN; 
en naranja miembros de la OTAN y no de la UE; 
en azul miembros de la UE y no de la OTAN.

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