Los talibán controlan los teléfonos móviles

Francmi08
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"Alo, alo. ¿Me oyes?", grita un soldado afgano subido con un teléfono móvil sobre varios sacos de tierra en el campamento militar de Bala Murghab, al norte de la provincia afgana de Badghis, de la que España debe encargarse de su reconstrucción y contribuir a su seguridad. Otro soldado prueba suerte en lo alto de una azotea, a ver si allí hay más cobertura, pero tampoco. En Bala Murghab, los teléfonos móviles sólo funcionan de las seis a las ocho de la mañana, y de las tres a las cinco de la tarde. Eso en teoría, porque a la práctica todo el mundo intenta comunicarse a esas horas y resulta imposible. Las líneas se saturan.
A pesar de que el Ejército afgano y el gobernador de Bala Murghab presumen de que tienen bajo su control casi 50 kilómetros de territorio en un distrito tradicionalmente dominado por la insurgencia, lo cierto es que los talibán continúan teniendo la sartén por el mango en las comunicaciones. Ellos son los que deciden cuándo los teléfonos móviles funcionan y cuándo no.
Antes no había cobertura por la noche. Ahora, durante todo el día, excepto esas dos horas por la mañana, y dos más por la tarde. Así los talibán intentan evitar que la gente pueda avisar a las fuerzas de seguridad afganas o extranjeras cuando ve algo sospechoso o localiza un artefacto explosivo en la carretera. El gobernador del distrito, Mohammad Ibrahim Gereftar, explica que los talibán impusieron tales restricciones a raíz de que el año pasado las fuerzas especiales estadounidenses mataran en Badghis a varios de sus cabecillas, como el mulá Ismail y el mulá Jamaludín.
Por su parte, las compañías de telefonía móvil siguen a rajatabla el horario establecido y dejan Bala Murghab sin cobertura cuando así lo mandan los talibán. El comandante del Ejército afgano Ghulam Nabi explica que meses atrás los insurgentes atacaron una antena de telefonía móvil porque la compañía propietaria osó mantener las comunicaciones más allá de la hora reglamentaria. Otros declaran que los talibán se limitaron a robar algunas partes de la antena. Sea como sea, la antena dejó de funcionar, por lo tanto, las amenazas no se pueden tomar a broma. En Bala Murghab hay cuatro antenas de telefonía móvil y operan tres compañías: Roshan, AWCC y MTN. Todas tienen vigilantes. Pati Mohammad es uno de ellos. Se encarga de la antena que Roshan tiene en el bazar de Bala Murghab, cerca de la base de las tropas internacionales, y reconoce que, si los talibán se presentaran un día, él poco podría hacer. No dispone de ninguna arma, y tampoco podría llamar para pedir ayuda porque no hay cobertura.
Bala Murghab, sin casi cobertura telefónica y escaso acceso a los medios de comunicación –no hay electricidad, por lo tanto, poca gente puede ver la televisión-, es un distrito pasto de la propaganda talibán y del boca a boca, con todo lo que eso comporta de distorsión de la realidad. Las tropas internacionales lo intentan contrarrestar con una emisora de radio que han establecido en su base, y desde la que difunden las supuestas virtudes del Gobierno y las fuerzas de seguridad afganas. Otra cosa es que la población se las crea.



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