LA BATALLA DEL BATAN

Francmi08
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El inglés Drake fracasó lamentablemente en Gran Canaria y Nelson, en persona, estuvo a punto de palmarla en Santa Cruz de Tenerife donde perdió un brazo y no le quedaron ganas de intentarlo de nuevo. Pero una de las batallas más famosas y encarnizadas fue la Batalla de El Batán, en la Isla de La Gran Canaria, cuando el holandés Van Der Does, con una Flota de 73 barcos y 11.000 hombres, ejército nada despreciable para enfrentarse a una dotación de 200 infantes al mando del héroe nacional (y desgraciadamente poco conocido Comandante Pamochamoso). También disponía Las Palmas de dos fortalezas, no de gran envergadura, la fortaleza de La Luz y la de Santa Ana con su correspondiente dotación y cañones. Ocurría esto en 1599 y su historia creo que es digna de que los españoles la conozcamos por la curiosa sucesión de los acontecimiento de los acontecimientos y la inteligente estrategia seguida por los defensores.
A un joven de unos 19 años (hoy tengo 60) le llamó la atención el nombre de una calle de Las Palmas. Se llama calle de Pamochamoso. Preguntando quién había sido aquel personaje, a nivel popular, los interpelados se encogían de hombros. Así es que recurriendo a fuentes más cultas, se enteró de la famosa Batalla de El Batán. El Batán es una empinada ladera que une Las Palmas con la zona que se conoce, simplemente, por El Monte, un lugar de ricos viñedos, donde en tiempos pasados se producía un vino de fama internacional (hoy queda poco, pero muy caro y apreciado). El Monte, como casi todos en Canarias es un antiguo volcán, cuyas cenizas son muy apropiadas para el cultivo de viñedos.
Castillo de la Luz
Pues bien, un buen día de 1599 los habitantes de Las Palmas se despertaron con un espectáculo insólito: en la bahía de La Luz una enorme flota de 73 barcos con la bandera holandesa se hallaba fondeada. Venía comandada por el famoso almirante holandés Van Der Does. Una lancha con bandera blanca se acercó a los arenales situados entre la puerta Norte de La ciudad y el Castillo de La Luz: invitaba a los grananarios a pasarse a la corona holandesa pacíficamente, así, sin más.
Pamochamoso ordenó la inmediata puesta a punto de las dotaciones de las dos fortalezas y de sus doscientos infantes y les dijo a los holandeses que "nones". Van Der Does mandó una nueva embajada alegando que las posibilidades de defensa de la ciudad y de la Isla entera eran nulas ante la inferioridad numérica y de armamento y hombres; además de que no quería "causar una masacre innecesaria". Y Pamochamoso no sólo dijo "nones" sino que ordenó a las fortalezas abrir fuego sobre los navíos holandeses. En tanto, viendo sus escasas posibilidades encargó al Obispo, hombre de grandes recursos, que se hiciera cargo, personalmente, de dirigir la evacuación de Las Palmas, llevándose todos los objetos de valor y proponiéndole un "plan" de contra ataque, en este plan se incluía el reunir a todos los varones en condiciones de combatir y llevarlos al Monte con todo lo que sirviese de eventual arma. El obispo puso las campanas de la catedral a arrebato y comenzó con el plan propuesto por Pamochamoso. Con el fin de dar tiempo al Obispo, las fortalezas se emplearon a fondo y e propio Pamochamoso tomó el mando de sus 200 infantes se enfrentó a los miles de holandeses que desembarcaban en los arenales de la zona norte de Las Palmas, en campo abierto y con posibilidades nulas de éxito ante una inferioridad numérica aplastante de hombres y armas. En poco tiempo, acribilladas por los cañones de la potente flota holandesa las fortalezas de La Luz y la de Santa Ana fueron reducidas a escombros y Pamochamoso y la mayor parte de sus doscientos infantes murieron o fueron heridos y cogidos prisioneros.
Van Der Does tomo una Ciudad de Las Palmas desierta. Aquello era pan comido. Había tenido pocas bajas, y el "ejército español" había sido destruido. La Isla era suya. Aún no sabía "lo que valía un peine".
Entre tanto, el Obispo seguía a pie de la letra "el plan". Desde el lado opuesto de la Isla de Gran Canaria hasta Tenerife hay sólo unos 60 km de mar. Un rápido velero llevaba la petición de ayuda inmediata, entre tanto el Obispo organizaba a sus tropas ciudadanas y lo que era aún mejor, convocaba a los campesinos isleños. La población autóctona "guanche" cuyo sometimiento había costado a los españoles la friolera de 100 años y en realidad, seguían sin estar verdaderamente sometidos, aunque hacía mucho tiempo que se consideraban españoles, andaban un mucho a su libre albedrío. La población aborigen de Gran Canaria tiene un origen enigmático. Se cree que proceden de África, pero eran rubios o pelirrojos (hoy se encuentran ya muy mezclados con los peninsulares) de piel muy blanca y de una envergadura al lado de los cuales los españoles parecían más bien bajitos. Se sumaron masivamente y con gran entusiasmo a la "caza del holandés" armados con todo tipo de utensilios empleados en las faenas agrarias y pastoriles que sirviesen de armas. Los dueños del vino del Monte propusieron al Obispo evacuar las barricas hacia el interior de la Isla para salvar la valiosa cosecha. El Obispo contesto: "¡Ni hablar, entra en nuestros planes invitar a nuestros amigos los holandeses a nuestro potente vino. Les juro eso si, que beber que beban todo el que quieran, pero embarcar no embarcarán ni una sola barrica!, y ahora, abandonemos El Monte a nuesros invitados que nos retiramos más arriba, a la localidad de Santa Brígida, allí completaremos el plan de ataque".
Entre tanto Van Der Does campaba por las abandonadas calles de Las Palmas, arramblando con todo lo que de valor encontraban, pero necesitaba "apoderarse realmente" de la Isla por lo que mando a el grueso de sus hombres en dirección al Monte. Era necesario encontrar y someter a la población "huida". Mientras los holandeses escalaban el escarpado Batán con grandes dificultades al no estar familiarizados con terrenos tan pendientes y agrestes como los volcánicos, el Obispo recibía refuerzos armados de la dotación española de Tenerife, con armas y municiones. Los naturales decían que ellos no necesitaban "esos trastos", así que se armó a los ciudadanos de Las Palmas. Todos estaban ansiosos por entrar en acción, menos el Obispo. "Yo diré cuando", contestaba.
El grueso de las tropas holandesas alcanzó El Monte. Asombrados por no encontrar a nadie y las bodegas repletas de rico vino, no se lo pensaron dos veces. Se pusieron morados. Cuando los espías avisaron al Obispo que el grueso de los holandeses no se mantenían en pie, ordenó el contra ataque. Y los guanches se adelantaron como locos. Tal fue la matanza de holandeses, tanto entre los borrachos como los que no, incapaces de huir por la escarpada pendiente del Batán donde los naturales se movían con gran agilidad, que el Obispo se quedó horrorizado, ordenando a los de origen español que detuvieran a los naturales, que cogieran prisioneros pero que no mataran a los que no eran capaces de defenderse. Cuando el Obispo pudo controlar a los naturales, miles de holandeses yacían entre la escarpada pendiente del Batán. Ordeno a los naturales que dejaran ahora actuar a las tropas regulares y se dirigieron hacia Las Palmas. Enterado Van Der Does del desastre, ordenó la rápida retirada y embarque de los hombres que le quedaban no sin antes incendiar a las Palmas, pero aún tuvieron que batirse en retirada con un numeroso grupo de tropas españolas regulares y civiles armados; los arenales donde había caído heroicamente Pamochamoso y los suyos, pronto estuvieron cubiertos de holandeses muertos o heridos. Van Der Does embarcó llevándose un gran número de heridos graves. Durante mucho tiempo el mar arrojó cadáveres amortajados a las playas de Gran Canaria. Un gran número de prisioneros fue enviado a la Península para su interrogatorio.
Y a nuestros queridos holandeses parece que desde entonces no le han quedado ganas de venir a apoderarse de Las Canarias, aunque vienen muchísimos de turismo. Son invitados, eso sí, a una copita de vino de El Monte.



http://hispanismo.org/reino-de-las-canarias/4574-algo-de-historia-canaria.html

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